Cuando una empresa atraviesa dificultades, necesita valorar qué medidas puede aplicar sin improvisar. En ese escenario, dos términos aparecen con frecuencia: ERTE y ERE.
Aunque a menudo se confunden, no significan lo mismo ni producen los mismos efectos. Según el Estatuto de los Trabajadores, el ERTE se regula en el artículo 47 y el despido colectivo, que suele identificarse como ERE extintivo, en el artículo 51.
Qué es un ERTE
El ERTE es un Expediente de Regulación Temporal de Empleo. Permite suspender contratos o reducir jornada durante un tiempo limitado cuando existen causas económicas, técnicas, organizativas, de producción o fuerza mayor. Su rasgo principal es la temporalidad, porque la relación laboral no desaparece.
Esto significa que la persona trabajadora sigue vinculada a la empresa mientras dura la medida. No hay una ruptura definitiva del contrato, sino una pausa o una reducción de actividad. De hecho, el SEPE explica que, en caso de suspensión o reducción por ERTE, puede existir protección por desempleo y la empresa no da de baja al trabajador en la Seguridad Social, sino que comunica el cambio de actividad.
Qué es un ERE
El ERE, entendido en la práctica como despido colectivo, supone una extinción definitiva de contratos cuando concurren causas objetivas y se superan determinados umbrales de personas afectadas. Aquí ya no estamos ante una solución provisional, sino ante una medida estructural que rompe la relación laboral.
Además, el procedimiento exige un periodo de consultas con la representación legal de los trabajadores. Esa negociación es obligatoria y forma parte del núcleo del proceso. En estos casos, las personas afectadas tienen derecho, como mínimo, a la indemnización legal prevista para el despido colectivo.
La diferencia más importante entre ERTE y ERE
La gran diferencia entre ERTE y ERE está en el efecto final sobre el empleo. En el ERTE, la empresa busca ganar tiempo y mantener la plantilla hasta que mejore la situación. En el ERE, la empresa concluye que ese ajuste debe ser definitivo.
También cambia la posición del trabajador. En un ERTE no hay indemnización por suspensión o reducción temporal, porque el contrato sigue vivo. En un despido colectivo sí existe extinción del vínculo y, por tanto, indemnización. Además, el ERTE puede afectar incluso a una sola persona, mientras que el despido colectivo exige alcanzar los umbrales legales del artículo 51.
Cuándo suele convenir cada opción
El ERTE encaja mejor cuando la empresa atraviesa una bajada temporal de actividad y espera recuperar su ritmo más adelante. Es una herramienta útil para evitar despidos inmediatos y conservar talento. Por eso se considera una medida de flexibilidad interna más ágil y reversible.
El ERE, en cambio, suele plantearse cuando el problema no parece puntual. Si la viabilidad futura exige una reducción estable de plantilla, la empresa entra en un terreno distinto. Ya no se trata de resistir unos meses, sino de reorganizar su estructura laboral de forma duradera.
Por qué conviene asesorarse bien
Tanto el ERTE como el ERE tienen trámites, plazos y requisitos formales muy concretos. Un error en la causa alegada, en la documentación o en el procedimiento puede generar impugnaciones y costes añadidos. Por eso, antes de tomar decisiones, conviene estudiar bien la situación real de la empresa y elegir la vía adecuada.
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